¡SALVAJE! El día que Zidane tuvo que parar a Messi ‘por lo criminal’

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El 19 de noviembre de 2005, con apenas 18 años, Lionel Messi saltaba como titular al césped del Santiago Bernabéu a disputar su primer ‘Clásico'. Un partido en el que demostró de qué era capaz, y en el que el ahora entrenador ‘merengue' se vio obligado a pararle por las malas en más de una ocasión.

Aquel Madrid plagado de estrellas cayó 0-3 aquella noche. Contaba en sus filas con uno jóvenes Casillas y Ramos, pero también con estrellas de la talla de Roberto Carlos, Zidane, Beckham, Raúl, Ronaldo o Robinho.

Enfrente, el Barcelona de Valdés, Puyol, Oleguer, Xavi, Deco, Eto'o, Ronaldinho o… Lionel Andrés Messi. El joven argentino ya apuntaba maneras, a sus 18 años, y Rijkaard decidió darle la titularidad aquella noche.

Messi no defraudó, y deleitó al personal con la primera de sus exhibiciones en el Santiago Bernabéu. Se fue sin marcar ni asistir, pero con más de un cardenal, fruto de la dureza con la que tuvieron que emplearse sus rivales para pararle.

En el recital de patadas que se llevó hubo una con un significado algo especial, hasta poético. Como hemos dicho, enfrente estaba un Zidane en la recta final de su carrera. Terminaría, de hecho, el siguiente verano, con una expulsión en la final de la Copa del Mundo que ganaría Italia.

El mediocentro galo ya no tenía la agilidad de antaño, pero mantenía esa chispa especial en las botas. El problema es que cuando Messi le encaraba, Zidane se iba con un traje nuevo.

Hasta que se hartó. A la media hora de partido el argentino recibió un balón escorado, y tiró la diagonal hacia el área. Enfrente tenía a Zidane, y el ahora entrenador del Real Madrid no vaciló. Metió la pierna y derribó en la esquina del área a su rival.

Messi cayó, y como era habitual entonces, ni protestó. No pidió un castigo mayor a la infracción como sí hicieron Xavi y compañía. Se puso de rodillas, resopló y se reincorporó para seguir jugando.

El Barcelona ganaría 0-3, con goles de Eto'o y Ronaldinho, éste por partida doble. Messi jugó 69 minutos y fue sustituido por Andrés Iniesta, el único cambio que realizaría Frank Rijkaard aquella noche.

Fue el día en el que Zidane tuvo que parar por las bravas, ‘por lo criminal', como diría cierto director de cierto periódico deportivo años más tarde, cuando Leo Messi estaba en una plenitud de juego que se resiste a abandonar.