VÍDEO | Resumen y goles del Real Madrid 2 – 0 Espanyol

Pudo parecer un triunfo más, uno de esos que siempre salen en las cuentas de la lechera. Pero la fábula de ayer, un día extraño con muchas banderas no precisamente blancas, dirá que el Real Madrid ganó anoche dos batallas. Venció al Espanyol y a su propia ansiedad, a la angustia que le atenazaba en el Bernabéu, donde consiguió su primera victoria tras cuatro partidos como local en LaLiga.

Liberado de la tensión de un marcador que genera impaciencia desde el césped hasta el gallinero, el campeón se soltó tras un buen primer tiempo y otro periodo más gris en el que superó el despegue de los pericos y su propio declive, cuando los nervios habían anidado de nuevo por allí. Los dos goles de Isco, otra vez a un nivel sobresaliente, bastaron para enterrar traumas, aguantar el tipo y no perder en exceso de vista al líder antes del parón.

El Espanyol había llegado a Madrid con un plan. Colgarse del larguero prácticamente, defender con 10 jugadores y jugar con el socio preferido de todos los que se asoman por el Bernabéu: el nerviosismo de su rival. A los 27 segundos del partido, cuando había gente que buscaba su butaca y ya se había cantado “que viva España” (el 1-O particular del Bernabéu), Isco podía haber desbaratado toda esa propuesta tan atrevida de Quique, pero el centrocampista falló en las mismas fauces de Pau López, que luego se reveló como una bestia bajo los palos durante todo el primer tiempo. Hubiese sido la mejor medicina posible para el equipo de Zidane.

Si la píldora de efecto rápido falló, la receta parecía la adecuada. El Madrid, con su centro del campo fetiche, jugaba bien, llegaba con mucha regularidad al área blanquiazul por ambas bandas (con Nacho en la izquierda y Achraf en la derecha, que no es lo mismo) y tenía el partido tan controlado, que Sergio Ramos no dudaba en recodar su infancia de delantero. Todos, el capitán, Cristiano, Asensio, Modric, la plana mayor del equipo blanco, todos toparon con Pau, soberbio. Poco más se podía decir del Espanyol, abocado a resistir el asedio, que parecía el de 1713, tímido con la pelota e inoperante en ataque.

En el minuto 30, en otra oleada blanca, Cristiano le metió un buen balón a Isco. El centrocampista sorprendió de un punterazo a Pau. El Madrid se veía en el Bernabéu con ventaja en el marcador por primera vez en 210 minutos. Cuando Sergio Ramos fue a abrazar a Isco, llegaba resoplando, consciente del peso de encima que habían dejado por el camino, del lastre de tantos malos resultados que les atenazaba como una pesada mochila. El gol descolocó un poco al Espanyol, menos sólido y más endeble. Cristiano, que sigue sin marcar en Liga y se le ve cabizbajo por momentos, volvió a encontrarse con Pau, espléndido.

La falta de pegada del Madrid, el estrecho margen en el que se movía pese a su superioridad, provocó que por cosas que tienen que ver con este juego, pero que no se explican demasiado bien, el Espanyol pudiera irse al descanso con el empate. Primero Gerard Moreno, algo escorado, tiró flojo delante de Keylor tras un fallo de Nacho. Después la concesión de Casemiro al borde del área acabó con otro disparo del canterano perico que terminó en el palo. Fútbol.

El paso por los vestuarios dio alas a los pericos. El Madrid volvió a su jaula del Bernabéu. El desplome fue aparente. El Espanyol creció para hacer en 10 minutos todo lo que se había negado en el primer tiempo. El equipo de Zidane hizo lo del vicepresidente del Barça. Dimitir. El de Quique se entonó definitivamente. La entrada de Sergio García le había hecho mucho bien e hizo méritos para igualar, pero apareció Keylor. El desconcierto blanco era considerable. Tampoco ayudaba mucho la inacción de Zizou, con su equipo dormido. El Espanyol se lo tuvo que creer tanto que se arrojó al precipicio de ir con descaro a por el gol.

Concedió espacio al Madrid. Fue justo lo que necesitaba para apalabrar el triunfo, justo cuando peor estaba, después de un error clamoroso de Ramos que casi le cuesta la igualada. Galoparon Cristiano y Asensio, y el mallorquín la mandó al corazón del área. Isco, el mejor de la noche porque de Asensio sólo hubo chispazos, batió a Pau. 2-0. Partido resuelto. El Espanyol, que apenas jugó bien 20 minutos, sumaba otro año más de paseo por el Bernabéu. El Madrid dejaba el diván.